Manifiesto runner

Hace un poco más de dos años decidí cambiar mi forma de vida. Y cómo es esto!? Decidí que ya iba siendo hora de bajar de peso. Hasta ese momento, no hacía más que compadecerme de mí misma. De escuchar miles y miles de comentarios sobre mi aspecto. Incluso gente sin escrúpulos por la calle. Creo que, el hipotiriodismo, es una enfermedad que está bastante infravalorada; nadie sabe lo que se puede sufrir con una enfermedad así.  Lo peor… La incomprensión.

Es más, antes de todo esto, hice una y mil dietas, algunas muy restrictivas, que lo único que hacían era perjudicar mi salud y ¿para qué? Para perder como mucho 100gr. en una semana.

Llegué a pesar más de lo que mis rodillas podían soportar, obligándome a ir a rehabilitación. Me costaba respirar, si corría a coger el autobús, tardaba muchísimo en recuperarme, si es que conseguía llegar a tiempo, claro.
Además, no me sentía bien conmigo misma. ¿Quién se sentiría bien así? En el metro había gente que me cedía el asiento pensando que estaba embarazada. Otros me insultaban por la calle. Si, gente que no me conocía de nada, a la que no había visto en mi vida, diciéndome cosas como “no comas tantas hamburguesas, gorda” y etc, etc.
Ya que he hecho este manifiesto, diré que tengo un problema con la comida. Y lo digo en serio. No es que me guste comer, que también; el problema es otro. Que te guste comer no es un problema; de la comida hay que disfrutar.

No, mi problema está en que mis problemas de ansiedad  los intento paliar a base de atracones, comida basura, grasas, bollería… Todo lo que pillara en mi casa; y si sabía que no lo tenía, lo compraba. No sólo la ansiedad, cualquier variación a mi estado de ánimo, es decir, a cada “bajón” le acompañaba un atracón de patatas, bollería industrial, y más patatas…
Podía llegar a comerme dos o tres bolsas de patatas fritas antes de comer y después de desayunar, así, para abrir apetito…Sé que tengo un problema con eso (aún lo sigo teniendo) y estoy trabajando en ello. Lo malo de paliar la ansiedad con los atracones, es que luego te sientes peor. Sabes que no soluciona nada, si no que lo complica. No le estás haciendo ningún bien a tu cuerpo, ni a tu mente; pero no puedes evitarlo. Y si a eso le añades que con tu enfermedad te engorda hasta el agua, pues…

Aún recuerdo mi primera visita a un endocrino; cuándo la TSH dio positiva por primera vez. “¡Uy hija! Vas a estar a dieta de por vida”. Que te digan eso con 18 años, no es bien. Para nada.

Y arrastrando todo esto, durante 8 años, con dietas sin resultado; con otras dietas que sí las tenían pero me perjudicaban más que beneficiaban y volvía al punto inicial, la frustración, los llantos, el desespero… El odiar ir de compras, quedar con las amigas, no ir a la piscina ni a la playa ni nada de enseñar más carne de la necesaria y que mi médica me diagnosticó un cuadro de estrés que debía solucionar de alguna forma (dicho así por ella). Un día, allá por mayo de 2013 me miré en el espejo y me dije: “Ya va siendo hora de cambiar, niña. No puedes estar así siempre. Odias hacer dietas, vale; ¿por qué no haces deporte entonces?”;  y comenzó el cambio.

Mi primera decisión fue eliminar la palabra DIETA de mi diccionario. Lo que yo estoy haciendo no es una dieta (aunque es la forma más rápida de explicárselo a la gente y la sigo usando para ellos), lo que estoy haciendo es cuidándome, variar mi mala, malísima alimentación, cuidar lo que como, cuando lo como y por qué lo como. Además de cambiar mis hábitos alimenticios, y comer comida sana, no llenar de porquería la nevera etc, etc… Hago deporte (o lo intento al menos).
Salgo a correr todas las mañanas, o cuando puedo, o cuando la pereza no me gana… (mejorando cada día y aguantando más), bici, ejercicios de abdominales, pesas, y un largo etc…
He llegado a perder 12kg.
Aunque aún me sobran otros 10kg por lo menos; el cambio ha sido tan fantástico que tampoco me importaría quedarme así, pero para evitar más problemas de rodilla y futuros problemas de salud, seguiré bajando de peso un poquito más (aunque no llegue a esos 10).

He descubierto que el running es mi pasión, me encanta, en el momento en que me calzo mis zapatillas, sólo estamos mi cuerpo y yo… No voy escuchando música, ni pienso en nada que no sea lo que estoy haciendo, es mi momento de desconexión… Escucho a mi cuerpo, lo que me dice… Puedo notar la tensión de la carrera en cada músculo, las piernas me piden más, mi corazón me pide que me relaje… Esos momentos de carrera, en los que sólo estoy yo, mi cuerpo y el camino; son los que mi mente necesita para relajarse.

Y ahí es donde entran Mujeres que corren un grupo e iniciativa creado por y para mujeres que, como a mí, les encanta el running.

La idea surge en la cabeza de Cristina Mitre en febrero del año pasado. Además como ellas mismas dicen:

Le damos sentido a los kilómetros que hacemos a través del proyecto Corre de la Fundación Uno Entre Cien Mil para la investigación de la leucemia infantil unoentrecienmil.org.

Así que… Cómo no ser una de esas mujeres que corren!?
Aunque aún no he convencido a nadie de mi entorno para que me acompañe a ser otra de esas mujeres que corren (ehem…ehem), espero poder hacerlo, por que el running compartido mola más.

Si bien es cierto que yo soy tan lenta como una tortuga coja, y que por culpa de mi asma en ocasiones no consigo hacer carreras como quisiera,  espero poder seguir sumando kilómetros, seguir disfrutando de esos momentos de simbiosis con mi cuerpo, disfrutar de todo lo que conlleva el running y disfrutar de la compañía de todas estas mujeres que corren.

Os dejo ahora con el manifiesto que Cris escribió en su momento; por que yo soy una de ellas, por que animo a más mujeres a formar parte… Por que sí, por que correr mola pero más si se hace en compañía.

“Somos mujeres que corren y nos gustan unas zapatillas de running con #colorinos, aunque luego escojamos una malla oscura, porque el negro siempre hace más delgada.
Mujeres que corren que se ponen crema y se perfuman antes de correr, porque nos gusta y nos divierte. Y, además, ¿qué hay de malo en darse unos mimos?
Mujeres que corren y que en las carreras también van al baño de dos-en-dos para decirse “por Dios, no mires”, y la noche previa a la prueba comentan qué se van a poner y dudan entre la manga larga o corta, el pirata o el short.
Mujeres que corren que siempre llevan en la mochila muchos “porsiacasos”.
Mujeres que corren que al llegar a meta se besan y se abrazan porque, ¿de qué sirve una marca si no hay con quién compartirla?
Mujeres que corren que muchas veces tienen que escuchar ese “estás fatal” por levantarse a las 6,30 am para salir a trotar mientras los niños duermen.
Mujeres que corren que tal vez nunca pensaron que unas zapatillas de correr podrían llevarles tan lejos, pero que creyeron en sí mismas y pensaron que podían, al menos, intentarlo.
Mujeres que corren, convencidas de que esto del running es bueno (¡buenísimo!) y con su pasión han arrastrado a la vecina, a la hermana, a la compañera de trabajo, porque han comprobado que no hay mejor antidepresivo que un buen chute de endorfinas. Saben que correr combate esos kilos de más pero, sobre todas las cosas, refuerza la autoestima.
Mujeres que corren y disfrutan de su cuerpo bajo la lluvia y el frío, porque no hay mejor plan que estar con amigas devorando kilómetros
Sí, yo soy una de ellas. ¿Y tú?”

Yo ya soy una mujer que corre…

Yo lo tengo claro, seguiré sumando kilómetros a mis zapatillas, aunque sea de forma lenta, muy lenta…

El running mola!! Y las mujeres que corren más.

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