Día 6. 5Km y una reflexión

Como cada mañana, he cogido por costumbre mirar Facebook desde mi móvil. Cada vez uso menos esa red social (soy más de Twitter e Instagram); ya me ha aburrido. Eso de estar siempre pendiente de los estados de tus amigos (y no tan amigos; vamos, de la gente que tienes allí), de dónde han estado y con quién… No sé, cada vez le tengo menos ganas. El caso es que lo que más hago es ver las actualizaciones de los blogs que sigo, que me entero antes por sus publicaciones en Facebook que por sus Newsletter.

Hoy captó mi atención una noticia que compartían en Proyecto Ophelia desde 20 Minutos. El titular rezaba así “Un pico de casos de anorexia y bulimia dispara las asistencias a su máximo histórico en Aragón“. Creo que los trastornos alimenticios, de todo tipo, no sólo estos dos; no tienen toda la atención de las autoridades sanitarias necesaria. No es sólo por el riesgo para la salud que conllevan, si no la edad temprana en las que se manifiestan y que, además, va descendiendo hasta los 11 o 12 años. En mi opinión, una formación nutricional básica en los colegios es algo que se debería plantear. Fomentar costumbres saludables desde pequeños. Y luego tú ya, de mayorcito, decides como “joderte” la vida, con perdón. Igual que se hace con el uso del preservativo o el tabaco.

Pues con esta noticia en mi cabeza salir a correr. Estuve todo el tiempo dándole vueltas al asunto (hasta me olvidé de la temperatura por un momento; que saqué fotillo para que lo viérais; empiezo a ser muy dada al postureorunner).

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Si es cierto que son los iconos de belleza que vemos en las revistas los que provocan este tipo de comportamientos. E intentaba hacer memoria de cuando había sido la última vez que yo leí una de esas “satánicas” revistas. Hacía un mes… En diciembre. Había comprado Glamour par ir leyéndola en el autobús y me pregunté qué me había llevado a comprar esa revista. Había sido por que era la que mejor regalo me daba. Un pintalabios rojo que aún ni he estrenado. Era en lo que me fijé. Y ahora me pregunto por qué no me compré la Women’s Health, que le hubiera sacado más partido seguro no, segurísimo.

Mientras iba pensando en eso, también pensaba en lo que este 2014 había supuesto un cambio en los cánones; o eso decían… Una modelo con vitíligo, otra con los dientes separados y yo me decía, sí, pero siguen siendo muy delgadas. Estaba yo enfrascada en un debate interno cuando dos chicos; más o menos de mi edad, estaban esperando a que el semáforo se pusiera en verde mientras me veían acercarme desde su coche. Cuando estaba a su altura, uno de ellos bajó la ventanilla y me gritó: “Eso, ¡corre! ¡A ver si puedes quemar todas las hamburguesas que te has comido, gorda!”. Yo le sonreí, y le saludé con mi dedo corazón de la mano derecha; no se merecía más. Pero tengo que reconocer que me dolió. Me dolió y mucho. Lo segundo que hice fue sentirme avergonzada y mirar a mi alrededor para comprobar que nadie les había oído y pensé que era un alivio que nadie lo hubiera hecho. Pero era porque me avergonzaba de mí misma, por que mi subconsciente me decía que el resto de la gente, le hubiera dado la razón. Esa frase me acompañó el resto de mi carrera, como un eco, paso tras paso. Y me di cuenta que si a mí, con mi edad, algo así me había afectado era normal que a una pobre cría de 15 años, esos comentarios le hirieran también. Y me di cuenta que el problema no estaba en las revistas, en esas modelos, en la televisión. No, ellos no son más que el reflejo de la sociedad. Lo que está podrido, lo que hay que cambiar, es la sociedad en sí misma. Y eso señores, es más duro. Por que si bien es cada vez más común ver en las revistas modelos de “tallas grandes”, o más blogs con otro tipo de estética; la gente sigue rechazando esa imagen que las revistas quieren cambiar.

El caso es que ese comentario del chico me hizo casi detenerme. Pero continué hasta completar mis 5km que me había marcado para hoy.

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Cuando me detuve; contenta por haber conseguido correr de nuevo esa distancia me dije a mí misma que yo, con mi sobrepeso, mis hamburguesas y todos los comentarios que había podido escuchar como aquel, había conseguido correr. Había conseguido levantarme del sofá y correr nada más y nada menos que 5km. Y con este frío. Y me dije que tenía razón, que muchos no son capaces ni de eso, que son más de sofá y tele,  y que seguramente esos dos chicos del coche comen más hamburguesas que yo. Yo me cuido, no fumo, como sano, hago deporte (sí, no corro maratones, es cierto; pero corro), puede que esté unos kilitos por encima de mi peso recomendado pero soy feliz y quizás eso les moleste más a los demás que mi sobrepeso. Por que no todos pueden decir lo mismo.

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Polar de Decathlon – Mallas de Primark – Zapatillas Saucony

Así que chicas, os pido un favor. Está claro que si estáis leyendo esto es por que hacéis deporte y os cuidáis como yo; así que, el próximo capullo que os diga algo como a mí, rétale a correr un día contigo. Si es valiente y acepta (por eso de ser muy machito), cánsalo, déjalo atrás, muy atrás y cuando esté lejos, date la vuelta y enséñale alegremente tu dedo corazón de la mano derecha, o de la izquierda, o de los dos… Y sigue corriendo.

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