La importancia de parar

He descubierto, por mala experiencia propia, que hay que escuchar al cuerpo y a la mente; sobretodo cuando te está suplicando que pares. Que bajes el ritmo, que eches el freno.

Estos últimos meses he estado centrada en un proyecto a corto y largo plazo que me ha tenido ciertamente obsesionada. Tanto, que llegó un momento en el que me encontré en un bucle.
Ni el proyecto que tanto había preparado y estaba consiguiendo me entusiasmaba como antes, ni había nada que me animara a continuar esforzándome.
Nada tenía sentido, ningún esfuerzo que estaba haciendo parecía merecer la pena. Estaba encerrada en mis propias preocupaciones. Incluso llegó a afectar mis relaciones personales y a mi pareja.

Llegó un momento en el que mi cabeza me decía “NECESITO PARAR”.
Y tenía razón, era lo que necesitaba.

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Ya he frenado en seco, y ahora veo las cosas con mayor claridad. Los problemas no eran tan grandes como me parecían hace un par de semanas. Ya todo vuelve a estar en su sitio; y todo por haber sabido frenar a tiempo.

Creo que, independentemente de aquello que te hayas propuesto lograr, aquello por lo que estés luchando; ese sueño que estas procurando cumplir… No puedes dejar que ocupe todo tu tiempo, que todo gire en torno a ello.

Esa sensación de ahogo, de estar presa en tu propia mente, de sentirte superada por las circunstancias es horroroso.

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Pero paré. Pude parar antes de que fuera demasiado tarde y todo fuera a peor.

Respiré hondo, cerré los ojos por un momento y pensé “Para”.

Lo cierto es que llevaba preparando ese freno desde hace tiempo. ¿Sabéis esas paradas de emergencia que hay en las autopistas en las bajadas por si fallan los frenos?

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Pues básicamente fue mi vía de emergencia. En mi caso fue unos días libres en Portugal. Sabía en lo que me estaba metiendo y sabía que mi mente y mi cuerpo lo iba a necesitar así que preparé ese desvío de emergencia para usarlo cuando todo acabara.
Pero tengo que reconocer que fue duro. Y aunque sabía que iba a ser solo un tiempo, a veces me vi tentada a desistir.

Por eso quiero hablaros de la importancia de saber frenar. O más bien, de saber vivir sin “preocuparse”. Por que anticiparse a aquellos acontecimientos que puede que pasen antes de que así sea; es peligroso para nuestra mente. Para nuestra salud y bienestar.

Saber fijar la mente en el presente es algo que tengo pendiente. Mi carácter es más bien todo lo contrario; anticiparme a aquello que es una posibilidad de que suceda, e incluso barajar varias posibilidades y tener un plan alternativo es el día a día en mi cabeza. Y claro… Luego pasa lo que pasa.

Por eso, todos deberíamos tener esa salida de emergencia. Esa parada en nuestra autopista por si fallan los frenos.

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Una ducha caliente, sentarse con un libro que te guste en el sofá, sentarse en el césped de un parque a mirar jugar a los perros… Cualquier cosa que te permita frenar esa vorágine de tu cabeza; esa que no te deja pensar, que te impide respirar. La vorágine que no te deja dormir por las noches… Esa que todos hemos vivido alguna vez en estos tiempos.

Busca tu frenada de emergencia.

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