Tiempos de Marathon (el debate)

El pasado 9 de abril, el Marathon de Rotterdam fue noticia. El vídeo del recibimiento a la última corredora con aplausos y pasillo de confeti se viralizó. Hasta la prensa no deportiva se hizo eco de esa llegada. 

Con un tiempo de 6h 32′ la mujer, claramente agotada, llegaba al arco de meta con los brazos en alto entre gritos y aplausos de los que estaban allí. 

Y los comentarios no se hicieron esperar. 

Eso no es correr, es caminar rápido” .

Debería haber tiempos de corte” 

Así cualquiera puede correr una maraton. El año que viene no entreno. Y la hago paseando, como ella. ” 

“Esto es una CARRERA, no un paseo por el parque”. 

Como tortuga lechuguera que soy, ni hago más que pensar en tiempos y en carrera, pensar en aquellos que van delante. Y con todo este embrollo; a mi me asaltan una serie de dudas. 

¿Es cierto que se debería fijar unos tiempos mínimos para cierto tipo de carreras? 

¿Estuvo menos preparada la mujer que tardó 6h 32′ que el primero en concluir la prueba? 

Creo que lo primero que hice tras ver el vídeo fue meditar sobre qué entendemos por esta prueba. En qué consiste una maratón. Sin entrar en tecnicismos de distancias definiríamos esta carrera de este modo: 

Su origen se encuentra en el mito de la gesta del soldado griego Filípides, quien en el año 490 a. C. habría muerto de fatiga tras haber corrido unos 37 km desde Maratón hastaAtenas para anunciar la victoria sobre el ejército persa.

Entonces, digamos que corremos la distancia ” x” como homenaje a esta gran gesta. Entonces bien, ¿qué entendemos por correr? Según la RAE correr es Andar rápidamente ycon tanto impulso queentre unpaso y el siguientelos piesquedan por un momento enel aire. 

Y bien, esto quiere decir que la velocidad de carrera no determina en sí misma la acción de correr. 

Entonces, ¿Es más desmerecedor el esfuerzo de esta mujer de concluir su homenaje a Filípides en 6h 32′ que aquel que lo hiciera en 2h 40′; por ejemplo? 

Además, quizás me equivoco; pero tampoco sabemos en cuánto tiempo el propio Filípides corrió esa distancia.

Aún sin conocer las circunstancias de esa mujer, creo que conseguir llegar a meta en esa distancia; aunque sea a ese ritmo, tiene mucho mérito. Yo no me atrevo a presentarme a una prueba así, ni siquiera corriendo en esos tiempos. No me siento preparada. 

Hoy en día, el running está tan de moda; que pareces obligado a correr cierta distancia o no eres nadie. No eres un “runner” de verdad si no has participado, como mínimo, en una media maratón. Yo tengo claro que ciertas distancias no son para todo el mundo. Yo misma soy consciente, y me ha costado muchas peleas conmigo misma darme cuenta de ello, que no todos pueden hacer frente a una maratón; ni siquiera una media.

Creo que, primeramente por salud; debería de regularse más la participación de los corredores populares en ciertas distancias. Pedir unas condiciones físicas mínimas para enfrentarse a esa distancia. Yo misma soy una tortuga. Además por mis condiciones “fuera de la pista” no creo que pueda realizar un entrenamiento adecuado para algo tan grande como unos 21km… Ni qué decir tiene que no me veo capacitada, ni mental ni físicamente para correr esos 42km que me separaría de la meta. 

A pesar de todo, no le quiero quitar el mérito a esta mujer. Es una campeona. Consiguió enfrentarse a una gran distancia. Honró a Filípides a su manera. Una tortuga consiguió llegar a meta en un mundo de liebres y gacelas. Y no solo eso, además lo celebraron a lo grande. 

La única razón por la que veo necesario marcar un tiempo de corte es por logística; y es que mantener cerrada una ciudad entera tanto tiempo me parece horroroso. 
Por otra parte, el sueño del maratón no debería quitársele a nadie, corra a 4′ o a 10’…



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261 Women Marathon

A veces necesitamos ese chute de motivación que nos haga no desistir de nuestro objetivo. 

Yo me afogono enseguida, para que os voy a engañar. Siempre hago lo mismo, con todo. Empiezo a tope y voy perdiendo fuelle…

Dicen que el running es un deporte muy solitario. Y en cierto modo es así; aunque cada vez menos. En mi caso sí suelo correr sola. También es complicado cuando no tienes horarios estables. Ni tampoco un entrenamiento definido. Corro cuando puedo, cuando me apetece y me veo con fuerzas. 

Por eso creo que la labor que hacen las chicas de 261WM es tan importante. Como sabéis se trata de “un grupo de apoyo” para aquellas mujeres (y algún que otro hombre infiltrado), que corren o quieren comenzar a correr o quieren mantener una vida activa en buena compañía. Sus entrenadoras te apoyan, animan, aconsejan y guían para mejorar en carrera y mantenerte en forma sin que te pase factura. 

Quedan cada miércoles en El Retiro a las 19:30h (el lugar lo podeis ver en la web). Pero además, un domingo al mes organizan una quedada en Madrid Rio para que otras locas que corren se unan a ellas en un entreno. 

Como el del pasado domingo día 9 de abril al que por fin pude asistir. 

Además nos organizó el entreno la maravillosa Nuria Fernández, atleta que con 41 años y tres hijas, se mantiene en la élite del atletismo; y nada más y nada menos que con dos oros en los europeos. 

Como ella misma nos dijo:

 “Si yo, con 40 años y tres hijas puedo. ¿Qué te hace pensar que tú no? Si yo puedo, tú también puedes”.

 ¿Se necesita mas motivación que esa?

Tras un rodaje suave de 5k por la Casa de Campo y Madrid Rio al que fui a un ritmo de 6′ y en el que me encontré muy cómoda (y eso, para alguien que llevaba el ventolin en el bolsillo de las mallas por si acaso, es mucho decir). 

Tras recuperarnos un poquito comenzamos con las cuestas y las series. Sinceramente, nunca las  había incluido en mis ” entrenamientos” y estaban en mi lista de cosas nuevas por hacer. 

Sí, vale… Duelen… Y como eran las primeras y no estoy preparada para ellas; las hice fatal. Pero he de reconocer una cosa, y me vais a perdonar la expresión; me parecieron jodidamente  divertidas. 

Tras darlo todo, o intentarlo al menos, en las cuestas y series terminamos con unos estiramientos estupendos que me vinieron de lujo y que me he decidido a incluirlos por la mañana, que me levanto de la cama tiesa como un palo. 

Si nunca has ido a ninguna de estas quedadas, por que piensas que eres pájaro solitario… Te recomiendo que vayas a alguna. No te arrepentirás; es magnífico ver a mujeres de todas las edades, todos los ritmos, distancias, y más o menos dificultades; sacar un hueco para hacer deporte, disfrutar y pasarlo bien haciendo lo que más les gusta. Yo desde luego, intentaré ir a más. 

Y es que no hay nada que te anime a seguir tanto como compartir afición. No rendirse jamás y llevar la sonrisa siempre puesta. 

Como nos dijo Nuria: “Hay que gustarse corriendo”. 

Nutricionistas de panfleto

Ahora en estos meses de primavera comienza el nerviosismo por la llegada del verano. 

Empiezas a hacer cálculos y ves que ese “el lunes empiezo” se te ha ido de las manos y ya te ha pillado el toro y tienes menos lunes de los que quisieras. 

Y comienzan los remordimientos y las taquicardias y a ver las fotos del verano pasado en ibiza y a querer cortar las “lorzas” con cuchillo. 

Y aquí es cuando empieza lo peligroso. Por que aquí es cuando ponemos en juego nuestra salud.

En marzo y abril las revistas comienzan a publicar artículos mostrándote dietas muy diversas para perder una media de 3-5kg. Que si la dieta de la manzana, que si la dieta del pomelo, que si la dieta de la sandía… Junto a estos artículos ves ejercicios tonificantes del tipo “muestra ABS en 2 semanas con estos ejercicios de 10min al día”. “Culo redondo en 2 semanas sin moverte del sofá” y así hasta junio… Que ya a esas alturas ya te has dado por vencido y lo mismo hasta has cogido algo de peso en el proceso. 

Pero si hay algo peor que estos artículos son los nutricionista de panfleto. 

Yo no digo que no sean nutricionistas reales, con sus estudios y demás, pero sí que se van a lo fácil y eso a nosotros, nos puede salir caro; en todos los ámbitos. 

Os voy a trascribir mi último encuentro con uno de estos nutricionistas. (Sí, volví a caer en la trampa). 

Trabajo en un centro comercial, y en ese centro comercial hay un herbolario del que soy clienta habitual. Un día, hace ya unos meses, me fijé en un papel que decía que disponían de “asesoramiento nutricional”; pregunté a la dependienta y me lo pintó tan bien que decidí darle una oportunidad (además era bastante asequible, cosa que en realidad debió hacerme dudar). 

Cuando entré a su consulta lo primero que me preguntó cuánto era mi objetivo de peso a perder (ya con esa pregunta debí salir corriendo de allí, pero me quedé para saber más). Me pesó en la báscula y me midió. Luego nos sentamos y comenzaron las preguntas. 

Me preguntó sobre mis hábitos alimenticios, mis horarios, mi trabajo y si practicaba algun deporte. 

Le hablé de mi cambio de alimentación, soy ovolactovegetariana; de mi intolerancia a la lactosa, de mi TCA y de mis últimas recaídas… Le conté todo lo que consideré importante para hacerse una idea de lo que podría necesitar para ayudarme a ” aprender a comer”, la razón principal por la que acudía a su consulta y de la que me aseguraron cuando pregunté. Tras mi monólogo, donde sólo ella asentía con la cabeza y lo apuntaba en mi ficha; cruzó las manos sobre la mesa y me dice: 

Bien, en estas primeras dos semanas vamos a enfocarnos en perder esos líquidos retenidos. Seguro que pronto notarás cambios. Vamos a eliminar los hidratos de carbono; se suele abusar mucho de ellos… Pero no te preocupes que solo estas dos semanas. Luego los iremos incorporando poco a poco.

Aquí ella saca un folio con colorines con una dieta semanal, promocionada por una empresa de productos dietéticos. Y empieza a señalarme con el bolígrafo. 

 Para desayunar, un café (si te gusta el café) con leche desnatada…

Soy intolerante a la lactosa. 

-Bueno, pues sin lactosa, pero que sea desnatada. 

Soy ovolactovegetariana. 

 y  una lonchita de pavo y fruta…

Creo que no me has escuchado, yo… (Me corta para seguir). 

A media mañana un yogurt con una pieza de fruta. En el almuerzo, ensalada con pechuga de pavo a la plancha…. 

A estas alturas ya le había dejado hablar, decidido no volver y por supuesto no hacer caso a lo que me decía. 

Tras recitarme el menú que iba a tener durante dos semanas (en las que hubiera tenido, mucho malestar estomacal, hubiera pasado mucha hambre y hubiera acabado haciendo algo que no debo; os recuerdo lo del TCA) me mandó un liquidito que tenía que comprar para la retención de líquidos. Al menos eso, luego en las siguientes semanas hablaríamos de los sustitutivos en algunas comidas. Pronto conseguiría mi peso soñado si era obediente y hacía las cosas bien. Y me dio cita para la semana siguiente.

Os podeis imaginar, que cuando salí de la consulta, le dije a la dependienta que me borrara de la lista, que no me diera el liquidito morado ese y que me llevaba mis hamburguesas de tofu que tenía encargadas. 

Si queréis adelgazar… O más bien, educaros para comer lo que debeis; lo otro vendrá solo… No os pongais en manos de aquellos que os recomienden una barrita o dos para sustituir una comida, o un liquidito morado… 

Ni hagais caso a los emails que os ofrecen bajar una burrada de peso solo por tomar una pastillita mágica; esto no es Matrix  y no se te van a solucionar todos tus problemas con una pastillita azul. 

Acudid a gente especializada, bien formada y que OS ESCUCHEN, por favor. Sed conscientes de que está en juego vuestra salud. 

No todo en la vida viene indicado por tu IMC; no eres un número. Y lo que le puede haber servido a tu prima Juanita, no te tiene por qué ir bien a ti. 

Seamos conscientes de una vez. 


¿Hoy qué como?

Hace un tiempo mi estómago me comenzó a mandar señales muy claras de que algo no iba bien. 

Gastritis, fuertes dolores, digestiones pesadas, etc.

Tras varias pruebas, para ir descartando opciones, me dijeron que tenía el hiato esofágico ancho. Lo que producía los odiosos reflujos y todo el malestar.

Decidí cuidar más aún mi alimentación y evitar aquellos alimentos que me perjudicaban.

Llevo años sin comer carne de cerdo, en un principio por recomendación de las “dietas milagro” que he seguido en todos estos años. Después, resultó ser una carne demasiado pesada para mi, dejó de gustarme su sabor; así que la descarté de mi dieta. 

Pero la carne de vacuno… Creo que nunca me ha fastidiado tanto que algo “me siente mal”, o aún peor. Digestiones de horas, dolores de estómago, gases… Tras comprobar en repetidas ocasiones lo mal que lo pasaba tras haber comido este tipo de carne, me vi obligada a dejarla para “ocasiones especiales”, y siempre acompañada de mi protector de estómago. 

Por eso, desde hace ya tres meses tomé una decisión radical, y que he comprobado ha sido la mejor que he podido tomar. 

He decidido dejar de comer carne. Tomo productos lácteos, huevos y miel… Por lo que, como hay tantos tipos de vegetarianos, según lo restrictivos que sean; yo prefiero decir que soy “vegetívora”; soy así de tonta y me gusta inventar palabras. 

Por eso, ahora he reinventado por completo mis menús. He descubierto sabores nuevos y soy más creativa y hasta más organizada en la cocina. Ahora planifico mis platos, cosa que antes no hacía. 

Quiero mostraros algunos, por si os sirve de inspiración. 

Arroz blanco con pimientos del piquillo y “hamburguesas” de falafel con salsa de mostaza
Arroz blanco con lentejas al curry
Garbanzos con espinacas

Además, esta nueva decisión me ha hecho “estudiar” más sobre nutrición y no dejar nada al azar. Averiguar los tipos de nutrientes que me aporta cada alimento. Algo fundamental para una buena alimentación. 

Espaguetis integrales con soja texturizada y brócoli
Arroz 3 delicias vegetal
Quinoa con tofu y verduras
Arroz salvaje, brócoli y “hamburguesas” de falafel

Esta decisión ha venido acompañada de mucho más. Estoy aprendiendo mucho, sobretodo a llevar un control de lo que como y cuando lo como. Planifico mis comidas, preparo las cosas con antelación. Esto me esta ayudando mucho para controlar la ansiedad y los atracones. Tengo mucho trabajo por hacer aún, pero por primera vez siento que estoy en el camino correcto. 

Cuidados especiales para piel atópica

Hoy quería hablaros de un problema que tengo en mi piel, y de lo que yo hago para cuidarla y mejorarla.

Primero quiero definiros, por si no lo sabéis, qué es la piel atópica. Voy a tirar de Wikipedia  para que lo veáis más claro.

La dermatitis atópica se trata de un trastorno funcional de las glándulas sebáceas, que producen una hipersecreción de grasa prurito y con aspecto de escamas, más frecuente en niños , multifactorial, en la cual intervienen factores tanto ambientales como constitucionales. Es de difícil tratamiento.

Por lo tanto, una piel atópica es aquella que sufre esa enfermedad.

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Distribución de los brotes según la edad

No sé como explicar una enfermedad que padezco sin que suene a queja. He de reconocer, por que me ha pasado, que realmente una dermatitis atópica no es una enfermedad muy comprendida, supongo que por desconocimiento; con esto me refiero a que la gente ve la dermatitis como algo contagioso, que les produce rechazo o incluso, asco.

En mi caso, aunque la he padecido siempre, y nunca le había prestado demasiada atención (sólo me quejaba e intentaba paliar los síntomas), he encontrado la relación entre mi enfermedad y la alergia. En mi caso, los eccemas aparecen sobretodo en invierno y en primavera. Tengo fiebre del heno (alergia primaveral, básicamente); y alergia a ciertos árboles de hoja perenne, que son los causantes de sufrir bronquitis asmática y estas molestias. El estrés además también empeora los brotes.
Cuando era pequeña y adolescente sufría sobre todo este problema en codos y rodillas.
Desde hace unos años, lo sufro en manos, cuero cabelludo y rostro.
Supongo que al profesionalizarme en algo que me apasionaba desde siempre, la estética, desde hace un tiempo presto más atención a mi piel. Y debido a mi intención de llevar una vida más saludable, también a mi cuerpo. Por eso, ahora trato la dermatitis desde otra perspectiva y le presto más atención.

En cuanto comienza el frío, aparecen los odiosos eccemas en las mejillas, manos y cuero cabelludo. Además tengo que cambiar de maquillaje a uno de pieles sensibles, por que es el único que no hace que me escueza la cara. 

En invierno, por tanto toca cambiar mi rutina diaria de cuidado de la piel. Mi piel del rostro necesita usar productos que sean menos agresivos, pues con este problema, mi piel es más reactiva a los cosméticos.
Además, he de proporcionarle un extra de hidratación, ya que mi piel pierde mucha agua y se escama con mayor facilidad. El frío además, empeora esta situación, pues deshidrata rápidamente la piel.
Además, debo evitar la agresión del peeling, por lo que ni exfoliante, ni cepillo facial. Al menos en las mejillas.

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Para cuidar mi piel en esta situación, he recurrido a la espuma limpiadora de Avène.
Para aportar esa hidratación extra que mi piel necesita en estas circunstancias, he probado la mascarilla con aloe vera de The Body Shop.

Con la crema no estaba tan segura de cuál era la que más me convenía por lo que en la farmacia me han dado a probar esta de Avène antirojeces y con protección solar. Y bastante hidratante y no noto descamación hasta al menos pasadas unas 12 horas.
De momento no me va mal, pero no estoy segura de ser la que estoy buscando.
Seguiré investigando y probando hasta dar con la adecuada.

Yo he estado muchas veces tomando fármacos cutáneos que me han solucionado el problema, pero nada más dejar de usarlos, volvían de nuevo. Para la dermatitis, los fármacos que recomiendan son con corticoides y no se pueden usar de manera prolongada.
Por lo que he preferido remediar la dermatitis de una forma menos perjudicial para el organismo, protegiendo y cuidando mi piel con productos acorde a sus necesidades.

Si sufres de este problema, te recomiendo que, si ya has tratado con tu dermatólogo el problema; busques aquellos productos que tu piel necesite y la cuides y protejas como se merece.

Piel no tenemos más que una y es para siempre; debemos cuidar de ella; pues ella es la encargada de proteger nuestro cuerpo.

 

 

Lo que el “running” puede hacer por ti. 

Cada día es más complicado sacar algo de tiempo para ti. 

Hemos ganado en muchas cosas… Pero creo que hemos perdido calidad de vida.

No lo digo yo, lo dicen las estadísticas (esas herramientas que tanto nos gusta usar para dar credibilidad a lo que decimos). 

Pero yo no voy a citar mogollón de datos ni me voy a volver loca a copiar números (soy de letras puras, además 😛 ). 

Entendamos como calidad de vida a aquel tiempo que dedicamos a nosotros mismos, a nuestra familia, amigos… A disfrutar del aire libre o de tomarnos una cerveza en el bar. 

Puedo afirmar sin miedo a equivocarme, que antes disfrutábamos más de la vida. 

Ahora estamos sumergidos en un bucle que en muchas ocasiones no nos deja ni respirar… Ni pensar más allá de las preocupaciones diarias. ¿Y su consecuencia? Estres y ansiedad. Enfermedades muy comunes hoy en día; enfermedades a las que no se le da toda la importancia que debemos. 

En mi entorno son muchos los que sufren, o han sufrido ansiedad/estres, yo misma la he padecido. Y con todo esto, y al querer negarme a pasar la vida medicada, quiero dar comienzo al post de hoy. Un post sobre otro aspecto beneficioso del “running”. A como a mi me ha funcionado; y a como no es necesario ser maratoniana para conseguir sus beneficios. 

Todos sabemos que cada acción, provoca una reacción. En este caso, los problemas de ansiedad provocan la búsqueda de soluciones. En este caso, actividades que ya existían desde hacía siglos se renuevan y toman otros nombres. A estas alturas es muy difícil que no hayas escuchado las expresiones “mindfulness” o “atención plena”. 

No entraré en detalles sobre esto, por que se merece un post a parte, pero diré que una de las técnicas que se te ofrece es la meditación en movimiento, o meditación andando. En mi opinión, el “running” es la versión “pro” de este ejercicio. 

En él, tienes que enfocar toda tu atención en el proceso de caminar y tu entorno; sin dejar que los pensamientos que puedan surgir ocupen demasiado tu atención. 

Y dime, ¿no es justamente eso lo que haces al correr?

Mientras corres el centro de atención es tu cuerpo y el terreno; nada más. Estás pensando qué músculo es el que te duele, lo agotado que te sientes, o lo lleno de energía que te sientes para poder correr todo el día. También centras tu atención en por dónde corres, no vaya a ser que te tropieces… Es la versión más agotadora físicamente de la meditación. Tus pensamientos no tienen hueco durante ese periodo de tiempo, tu mente esta al 100% en otra cosa. Y si por alguna casualidad algún pensamiento se cuela, pierdes el ritmo, el compás de tu respiración, eres más consciente de todo y no dejas que ese pensamiento te distraiga de la carrera. Y al acabar, tu cabeza está tan despejada y está tan relajada; que tienes un enfoque completamente diferente de todo. 

Y eso es lo que el “running” puede hacer por ti. 

Puede despejar tu mente de todos esos pensamientos que pueden contaminarte, de aquellos que te atormentan durante todo el día y no te dejan descansar por la noche. Pero correr, puede proporcionarte una vía de escape. Sin necesidad de competir. Puedes hacerlo solo para dejar las preocupaciones en el polvo del camino. Relajar la mente a golpe de zapatilla. Y si no te animas a correr… Camina y tus pasos te llevarán donde necesitas.

Pruébalo, y me cuentas.

Running de mis amores; no eres tu, soy yo. 

Hace unas semanas me llegó un email de wordpress… “Llevas 6 meses sin escribir en el blog.” Y lo recordé. 

Ups! Es verdad, tengo un blog. 
Menuda bloguera de pacotilla que soy. Pero bueno, esto no es más que un hobbie, obviamente mi sueldo no depende de esto. 
Pero ahora me ha venido otra cosa a la mente. No sé que me está pasando, que no consigo salir ni dos días en la misma semana a correr. Me paso el día con el pensamiento obsesivo de “tengo que salir a correr”, “tengo un reto”, “quiero cambiar mi forma de vida”, “quiero correr, quiero correr”; pero luego no soy capaz de, ni tan siquiera, calzarme las zapas.

Y me empiezo a cuestionar por qué me pasa eso. 

Me he releído libros que me han motivado en ocasiones anteriores, y nada. No consigo salir de casa. No entiendo la razón. Y sé que necesito correr. El cuerpo me lo pide, pero, simplemente, no lo hago. No tengo excusas, no es falta de tiempo, ni por lesión; nada. Es, simple y llanamente, que no lo hago. 


No sé por qué, pero no consigo dar el paso de calzarme las zapatillas y salir.  Intento buscar la razón, prometo que lo estoy buscando.

No sé si será que no he aprendido todavía a organizarme para poder hacer todo sin desatender nada. No sé si es por que he perdido la motivación en alguna de mis últimas salidas al parque y alguien se la ha quedado. O no sé si es que eso de salir a correr en círculos (más o menos grandes, con más o menos cuestas) en un parque ya me ha aburrido.

El caso, en resumidas cuentas, es que el poco fondo que tenía lo he perdido. Las ganas me faltan. 
En definitiva, de fit, me queda nada más el nombre.

Seguiré intentándolo. 



La foca que quería ser gacela

Perdonad si el título os ofende u os confunde.
Pero este post es una reflexión que me ha acompañado hoy en mi carrera.

Y es que hoy, cuando he visto mi reflejo en la calle al ir hacia el parque para correr me he sentido como una torpe foquita… Con sus mallas de colores, sus zapatillas para corredora pesada…
Soy una foquita lenta y voluminosa a la que le ha entrado en la cabeza que quiere ser gacela.
Y es que ella admira a esas gacelas; gacelas ágiles y esbeltas que corren por el parque con sus mallas, sus camisetas y sus gorras de marcas caras, sonriendo como si ser gacelas no costara.

Pero, de verdad se puede cambiar lo que uno es? Una foca puede dejar de ser foca, y convertirse en gacela?? O simplemente siempre será foca, pero con mente de gacela. No lo sé.
Yo nunca he conseguido nada de lo que me he propuesto, para qué voy a mentir. Jamás, en vida. He intentado tantas cosas, tantas veces en mi vida y siempre lo he dejado, desanimada, en mitad del camino que la gente más cercana a mi no cree ya que consiga absolutamente nada de lo que me proponga. Pero en esto, aquí sigo. Queriendo ser gacela. Y es lo que más tiempo he aguantado y también lo que mayor esfuerzo me está llevando. Por que cambiar tu naturaleza no es nada fácil.

Me he encontrado tantas veces en la línea de salida, que no estoy segura de poder avanzar.
Cada día consulto un par de redes sociales donde me bombardean con post del tipo “así es la manera perfecta de correr” y yo me pregunto si correré así. Por que nunca me he visto… Y me pregunto como se verá desde fuera cruzarte a una foca corriendo. Y es que cuando me cruzo a una gacela hasta dejo de respirar, por que me da vergüenza que se me oiga esa respiración fuerte de cansancio, de estar que no puedes más. Siento que mi pisada es más sonora que la suya, que mi respiración se escucha a 200m. de distancia y que hasta mi aplicación del móvil que me indica los kms habla más alto que las demás. Y siento vergüenza, por que ver a una foca correr entre gacelas llama la atención. Aunque no quieras.

No sé si hay otras focas que hacen lo mismo que yo, pero corren en otros sitios, o a otra hora y ya han acabado cuando yo llego; pero el caso es que no veo a otras focas corriendo, solo veo gacelas y me siento sola. Me gustaría cruzarme con más focas como yo. Por que, las gacelas a las focas no las saludan, sabéis? Las miran de reojo cuando se cruzan, pero son solo unos segundos, en los que sonrío e intento que mi “hola” salga digno… Pero las gacelas solo te dedican una mirada de reojo.

Quiero dejar de ser esa torpe foquita que todo el mundo mira extrañado, por que la naturaleza de la foca no es correr… Eso todo el mundo lo sabe; las focas no corren. Y si lo hacen, lo hacen con movimientos torpes y bajo fuertes gemidos…

No estoy segura de si es posible transformarse como quiero. Y si es posible, no estoy segura de conseguirlo.
Quizás me rinda con esto como lo he hecho con todo en mi vida, pero mientras consiga llegar a la línea de salida, ya debería sentirme orgullosa. Por que, es más fácil quedarse en el sofá compadeciendose de uno mismo que luchar por hacerse un hueco entre gacelas.

O quizás el truco esta en aceptarse uno mismos y seguir siendo foca, pero una foca que corre feliz por el parque. Quizás si acepto mi condición de foca corredora, es posible que las gacelas del parque dejen de mirarme extrañadas y se acostumbren.

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La aventura de elegir un sujetador deportivo adecuado.

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Todas sabemos que escoger un sujetador deportivo apropiado para cada ejercicio es lo más importante para sentirnos cómodas durante el ejercicio.
En muchas ocasiones he salido a correr y me he cruzado con mujeres de diferentes edades y tallajes con un sujetador inadecuado. Muchas, ni siquiera llevaban un sujetador deportivo, si no el clásico de aros. Un error terrible.

El estado de nuestros pechos viene definido por los ligamentos y tejidos y la piel que los sujeta, por lo que es importante mantenerlos en su sitio evitando un impacto excesivo. Un sujetador adecuado al deporte que realizamos es importante para evitar un descolgamiento del pecho.
Cuando corremos, los pechos producen oscilaciones y desplazamientos que deben ser absorbidos por un buen sujetador.

Si tienes el pecho grande, es importante que el sujetador cubra todo el pecho, lo envuelva, y sobretodo, proteja sin apretar.

En qué debemos fijarnos para elegir un sujetador acorde a nuestras necesidades.

1.  Nivel de impacto: En mi opinión, es lo más determinante a la hora de elegir un sujetador deportivo. No todos los deportes producen el mismo impacto en el pecho. No es lo mismo, una clase de yoga o pilates que una sesión de spinning o running. Al correr, el pecho puede desplazarse varios centímetros de forma ascendente, descendente y hacia los lados; por lo que el sujetador deportivo debe tener un nivel de sujección mayor para poder absorber ese impacto.

2. Tirantes: Yo recomiendo tirantes anchos, ya que ayudarán a repartir mejor el peso y reducirás riesgos de posibles problemas de espalda.

3. Costuras: La mayoría de los sujetadores de ahora vienen sin costuras o muy limitadas. Es importante que te fijes en eso. Con el movimiento, es posible que las costuras puedan producir rozaduras. No os olvidéis de las etiquetas (lo digo por experiencia). También aquí incluiría el tejido. Es importante que el tejido del sujetador sea transpirable. No es agradable que además de que tu sujetador te esté torturando por las costuras, que se te están clavando en la carne y te estén rozando la piel, con el sudor, eso va a escocer mucho (lo he vivido).

4. Aros (sí o no): Aunque hay quien se siente más cómoda corriendo con sujetadores con aro, yo no lo recomiendo; pueden clavarse. Si eres de las que piensa que no puedes vivir sin un sujetador sin aros, recomiendo los que vienen con unas sujecciones laterales más rígidas que simulan esos aros y mantendrán el sujetador en su sitio.

5. Talla: Como todo sujetador, la talla viene marcada por el contorno y la copa. El número se refiere al la medición del tórax, y la letra, al volúmen del pecho.
Es importante probarse los sujetadores deportivos antes de comprarlos; pues la talla puede variar. En mi caso, en algunas marcas, varía hasta una talla.

A lo largo de mi “trayectoria” deportiva he cambiado de sujetador en muchas ocasiones (obviamente). Y ya tengo mis preferencias bastante claras.
Que no os de vergüenza al probaros el sujetador, saltar y moveros para ver si estáis cómodas con él. Haced todos los aspavientos que necesitéis para ver si ese sujetador es el adecuado para el deporte que vayáis a realizar. Saltad, moveros… Lo que sea, en el probador no os va a ver nadie; y no hay nada peor que llevarse un sujetador que, por evitar “hacer el ridículo” se os clava hasta el alma y no estáis cómodas.

Y es que, al igual que se invierte en unas buenas zapatillas, hay que invertir en un buen sujetador. Es una prioridad. No sólo estás invirtiendo en comodidad, estás invirtiendo en salud.

Aún recuerdo las rozaduras de unos, las marcas de demasiado justo de otros… Correr con las manos en el pecho por llevarlo demasiado suelto y hacerme daño por que el pecho rebotaba demasiado. Otro ya no era de mi talla y se me escapaba el pecho.
Como podéis ver no soy un gran ejemplo a seguir. Aunque hay que decir que por mis malas experiencias, ahora sé lo que debo hacer.
Sentirse cómoda mientras corres, montas en bici… Lo que sea, es primordial. Ya estás “sufriendo” bastante como para encima torturarte por un mal sujetador.